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Estudio sobre la “nueva economía”: la sostenibilidad de los nuevos modelos de transporte

(21.11.2016)

En el marco de una investigación más amplia sobre consumo colaborativo desarrollada por una organización de consumidores europea, Sustentia Innovación Social desarrolló un análisis de la sostenibilidad de las iniciativas de carsharing y carpooling, considerándolas como parte de la llamada “nueva economía”. Como argumento inicial la investigación partió la siguiente idea:

“En este momento inicial del desarrollo de la nueva economía, el crecimiento de la actividad de estos modelos y la buena acogida entre usuarios y consumidores están basados principalmente en la creencia y la confianza en su capacidad para generar transformaciones y efectos positivos. Sin embargo, ya es posible ver también posibles efectos negativos.”

La investigación se centró en identificar en ambos tipos de efectos en las tres dimensiones sobre las que se construye el concepto de sostenibilidad (económica, social y ambiental), con una visión de responsabilidad social y derechos humanos.

Importancia estratégica del debate sistemático e informado

El diseño de la investigación, las conclusiones y recomendaciones estuvieron enfocados a poner luz en un ámbito que todavía es desconocido y confuso, y en el que conviven diferentes creencias, opiniones, deseos e intereses. El carsharing y el carpooling, junto con los taxis de proximidad, se han convertido en un elemento que por el momento altera el equilibrio establecido en un ámbito que es tradicionalmente objeto de política pública e iniciativa privada, que responde a un cierto nivel de regulación que varía según los países. Ambas iniciativas se pueden ver como complementarias o como competidoras del transporte público, de los transportes privados convencionales o del uso del coche particular. No hay duda de que su crecimiento ha tenido un efecto disruptivo.

Estos nuevos modelos de la “nueva economía” que operan en un amplio rango de sectores y servicios (vivienda, transporte, etc.) ya representan una realidad en los contextos locales y globales. Ese efecto disruptivo hace que cada vez sea más urgente el trabajo conjunto entre actores públicos y privados, bajo marcos claros de análisis que ayuden a aclarar conceptos, centrar debates orientados a fines resolver dilemas concretos, tomar decisiones y cubrir vacíos de gobernanza pública y privada para prevenir y solucionar conflictos que el desconocimiento y la confusión están generando.

La investigación y sus principales resultados

Se identificaron 78 impactos potenciales, asumiendo que el carsharing, el carpooling y los coches (taxis) de proximidad son alterativos al uso de coche privado y transporte público, y se utilizan en un contexto satisfacción de necesidades de movilidad. Estos 78 impactos potenciales se agruparon en 19 aspectos y 5 dimensiones: económica (EC), empleo (EM), consumo (CO), medioambiente (EN), comunidad (COM). Se analizaron 29 iniciativas, 14 de carsharing y 15 de carpooling, en España, Francia y Bélgica.

Una de las principales conclusiones a las que se llegó fue que no es posible establecer ideas generales sobre los posibles efectos positivos y/o lo negativos de ambas categorías, ya que dentro de ambas coexisten a su vez gran número de modelos. Tras los términos carsharing y carpooling se mezcla: lo privado, lo público, lo cooperativo, las empresas locales, las multinacionales, las distintas motivaciones y objetivos, el fin lucrativo y el no lucrativo, los modelos de negocio con la organización vecinal, comunal, de entornos laborales, etc. Esto da como resultado un mapa con límites difusos entre iniciativas, actividades, plataformas y empresas, y sobre en el que hay una ausencia relevante de información. En la práctica esto puede resultar en una toma de decisiones tanto desde el exceso de confianza como de desconfianza. También sobre argumentos que presentan dilemas y debates profundos.

Para la operatividad del estudio se redujeron a 4 los distintos modelos identificados. Para ver cómo los impactos se mueven potencialmente entre lo positivo y lo negativo, es necesario analizar las características concretas de las iniciativas: qué tipo de servicio ofrecen y cómo, cómo es su modelo de gestión o de relación, como se utiliza, etc.

Entre los efectos potenciales que se identificaron destacan algunos como:

Negativos (-)

(EC) Afectar a la renta del sector transporte y otros afines, afectando también al tamaño de la economía

(EC) Reducir la cantidad de impuestos recolectados, como consecuencia de la caída de la renta del sector, la elusión y la evasión

(EC) Provocar un incremento de la infrautilización de recursos e infraestructuras existentes

(EC) Generar entornos de competencia desleal

(EM) (EN) Externalidades derivadas de actividades informales que no observan aspectos regulatorios (competencia, laboral, ambiental, etc.)

(CO) Falta de transparencia y acceso a la información

(CO) Generar entornos de baja protección o riesgo para la salud, la seguridad y los derechos de los consumidores.

Positivos (+)

(EC) Facilitar el ahorro en la economía familiar y disponibilidad para otros usos

(EC) Generar nuevas actividades económicas (ingresos, beneficios y recaudación)

(EC) (EN) (CO) Conseguir mayor eficiencia en la movilidad

(EN) Facilitar mayor eficiencia energética y emisiones

(CO) Facilitar mayor accesibilidad y satisfacción de nuevas necesidades

(CO) Promover y conseguir mayor empoderamiento del consumidor

(COM) Potenciar nuevos modelos de consumo basados en distintos tipos de valores, generación de comunidad.ESPACIO

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Recomendaciones para la incidencia y el trabajo conjunto de los actores

En el informe se incluyeron una serie de recomendaciones dirigidas a los consumidores, los proveedores servicios y las administraciones públicas, para favorecer una evolución positiva. Estas cubren con detalle cuatro grandes áreas de trabajo:

  • mayor transparencia;
  • normas, regulaciones, y seguimiento de su cumplimiento;
  • coordinación de iniciativas para garantizar un modelo de movilidad seguro y sostenible;
  • papel activo, responsable y crítico de los consumidores en el uso y evolución de estos modelos.

Esto se hace especialmente relevante en un momento en el que toman fuerza nuevas agendas que dan continuidad a las iniciativas de planificación y desarrollo territorial que los gobiernos mundiales, regionales, nacionales, subnacionales y locales vienen trabajando desde hace décadas, y que ahora se configuran bajo el paraguas de la Agenda 2030 Objetivos de Desarrollo Sostenible (Nueva York septiembre 2015), el acuerdo sobre Cambio Climático (París, diciembre de 2015), la Agenda Urbana de la Unión Europea Pacto de Ámsterdam (mayo de 2016) y la Nueva Agenda Urbana de ONU Hábitat III (Quito, octubre 2016).

En todas ellas la sostenibilidad económica, social y ambiental es el elemento común, que se reconoce como fundamental para poder cubrir los objetivos de desarrollo, inclusión, cohesión y reducción de la pobreza, con las ciudades y los territorios como escenario principal.

Nota: Foto propiedad de http://www.freepik.com” Diseñada por Kjpargeter / Freepik

(Noticia actualizada 01.03.2017)